Los medios de comunicación y su poder
Como seres humanos, tenemos una capacidad enorme de moldear la materia en un sentido amplio: tanto el mundo físico, evidenciado por la transformación del paisaje que nos rodea, como las actitudes que se encuentran por detrás de ese cambio visible.
El problema se produce cuando intentamos aplicar la misma voluntad de cambio sobre los otros seres humanos, que no necesariamente coinciden con nuestra orientación. En general, cuanto más intenso es el deseo de modificar al otro, más resistencia va a producir como resultado. La duración de las relaciones muchas veces pende de la flexibilidad de ese tira y afloje, en el cual necesariamente una de las dos partes tiene que ceder.
Un punto de vista más ajustado sería asumir que el otro es aquel que encontramos, en el momento en que lo conocemos, con múltiples posibilidades de desarrollo, pero todas ellas potenciales. Aplicar nuestra voluntad a esa transformación puede considerarse una ilusión de omnipotencia, casi como intentar manejar un auto con el pensamiento. Uno puede interpretar que tal o cual maniobra del automóvil fueron fruto de su voluntad, pero la mayoría de las veces se trata simplemente de una casualidad.
¿Significa que nada de lo que hagamos puede llegar a los demás y tocarlos? En absoluto. La propuesta es advertir que para llegar al otro es preciso ocupar un lugar en su mundo, al cual sólo él puede darnos la bienvenida. De lo contrario las relaciones se transforman en el juego de un niño caprichoso, que se la pasa llorando porque sus juguetes no le obedecen.
Vía: Tuverde.com

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