En este blog encontrarás textos, videos, audios, películas, libros que me acompañan en la aventura de ser mujer, mamá, esposa, amiga, hija, hermana, emprendedora. Me gusta aprender de la experiencia de los otros. Me gusta compartir mi experiencia con los demás.
viernes, 23 de abril de 2010
viernes, 2 de abril de 2010
¿Cuál es la impresión que usted deja en las personas?
Muchas veces las oportunidades llegan ante nuestros ojos, pero no sabemos aprovecharlas; y nos llegan en forma de personas, personas que nos sonríen o nos muestran una cara muy seria. Gente a la que amamos o por la que sentimos rechazo. Gente a la que creemos conocer, pero que desconocemos. Extraños que nos conmueven con un gesto en la calle. Gente que nos extiende la mano y otros que prefieren metérsela en el bolsillo antes que saludarnos.
Todas las opciones aparecen frente a nosotros, y vamos seleccionando a las personas; dejando de lado a las que no nos interesan. Olvidamos a veces que en la vida podemos tener "profesores" de diversos estilos, que nos ayudan a ejercitar palabras como paciencia, compasión y humildad.
El otro es un universo particular, al cual podemos visitar y hasta dejarle impresiones positivas. Pero eso sólo será posible si por un instante respiramos con el otro, estamos en comunión con el otro y dejamos de juzgarlo. Ahí empezamos a conocerlo, y es sólo en ese momento que comienza un intercambio positivo, cuando no intentamos imponer nuestra verdad, y escuchamos más de lo que hablamos.
Podemos donar tantas cosas a quienes se cruzan en nuestro camino, que podemos hacernos los indiferentes, o por el contrario dar una señal de presencia. Pero estar presentes implica que estemos disponibles para el otro, entendiendo que cada gesto tiene un significado especial, y preguntándonos qué es lo mejor que podemos hacer por nuestros semejantes.
Pregúntese:
Cuál es la impresión que usted deja en las personas.
Si está irritado y estresado, y se descarga con otros.
Cuántas lamentaciones ha derramado en los oídos de los amigos.
Cuánto tiempo dedica a comentar las noticias tristes que salen en los diarios o la TV.
Cuánto tiempo de su vida ha invertido en demostrar amor y alegría a las personas.
Si es capaz de ser amable con un desconocido.
Si el amor es lo que prevalece entre las cuatro paredes de su casa.
Pregúntese:
Si es capaz de sembrar sus virtudes en otras personas.
Si es capaz de escuchar al otro, aunque crea que está equivocado.
Pregúntese:
Si es recordado por las cosas que hizo o por las que dejó de hacer. Por haber abandonado a las personas que más amaba, o por estar junto a ellas cuando más lo necesitaban.
Si es capaz de disminuir el ritmo para celebrar la vida, compartir con las personas y hacerlas crecer a su lado.
Qué podría hacer por las personas a las que hirió, o que lo hirieron.
Si es capaz de olvidar las culpas y a los culpables.
Si es capaz de superar sus propios límites y los bloqueos de su corazón.
Si es capaz de agrandar los límites de su visión y ver más allá de sus ojos.
Pregúntese:
Si puede ir más lejos que sus piernas.
Si puede deshacerse de las costras íntimas de la amargura y renovarse con alegría, dejando los fragmentos en el camino, para reasumir la totalidad de su corazón.
Fernanda Lopes de Luzia
Especialidad: Terapeuta especializada en calidad de vida
Todas las opciones aparecen frente a nosotros, y vamos seleccionando a las personas; dejando de lado a las que no nos interesan. Olvidamos a veces que en la vida podemos tener "profesores" de diversos estilos, que nos ayudan a ejercitar palabras como paciencia, compasión y humildad.
El otro es un universo particular, al cual podemos visitar y hasta dejarle impresiones positivas. Pero eso sólo será posible si por un instante respiramos con el otro, estamos en comunión con el otro y dejamos de juzgarlo. Ahí empezamos a conocerlo, y es sólo en ese momento que comienza un intercambio positivo, cuando no intentamos imponer nuestra verdad, y escuchamos más de lo que hablamos.
Podemos donar tantas cosas a quienes se cruzan en nuestro camino, que podemos hacernos los indiferentes, o por el contrario dar una señal de presencia. Pero estar presentes implica que estemos disponibles para el otro, entendiendo que cada gesto tiene un significado especial, y preguntándonos qué es lo mejor que podemos hacer por nuestros semejantes.
Pregúntese:
Cuál es la impresión que usted deja en las personas.
Si está irritado y estresado, y se descarga con otros.
Cuántas lamentaciones ha derramado en los oídos de los amigos.
Cuánto tiempo dedica a comentar las noticias tristes que salen en los diarios o la TV.
Cuánto tiempo de su vida ha invertido en demostrar amor y alegría a las personas.
Si es capaz de ser amable con un desconocido.
Si el amor es lo que prevalece entre las cuatro paredes de su casa.
Pregúntese:
Si es capaz de sembrar sus virtudes en otras personas.
Si es capaz de escuchar al otro, aunque crea que está equivocado.
Pregúntese:
Si es recordado por las cosas que hizo o por las que dejó de hacer. Por haber abandonado a las personas que más amaba, o por estar junto a ellas cuando más lo necesitaban.
Si es capaz de disminuir el ritmo para celebrar la vida, compartir con las personas y hacerlas crecer a su lado.
Qué podría hacer por las personas a las que hirió, o que lo hirieron.
Si es capaz de olvidar las culpas y a los culpables.
Si es capaz de superar sus propios límites y los bloqueos de su corazón.
Si es capaz de agrandar los límites de su visión y ver más allá de sus ojos.
Pregúntese:
Si puede ir más lejos que sus piernas.
Si puede deshacerse de las costras íntimas de la amargura y renovarse con alegría, dejando los fragmentos en el camino, para reasumir la totalidad de su corazón.
Fernanda Lopes de Luzia
Especialidad: Terapeuta especializada en calidad de vida
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