lunes, 3 de septiembre de 2012

Calidad de vida en práctica: El estado actual de las cosas




Hagamos un recorrido mental por todo lo que nos rodea: antes era totalmente diferente, desde la forma de leer este texto hasta los sonidos que llegan a nuestro oído en este instante.
Conocemos las situaciones y a las personas en un determinado estado evolutivo. Cuando ellas se cruzan en nuestro camino ya tienen un bagaje experimental que constituye su historia y que las fue cincelando con trazos profundos, definidos. No tenemos noción de las peripecias que ocurrieron o no previamente, sólo apreciamos el resultado final.
Si bien esto no es ningún descubrimiento, no deja de sorprendernos cuando tenemos acceso a un registro pasado que nos revela cómo la materia (en un sentido amplio, sin referirnos sólo a lo material) se fue modificando con el tiempo. Tendemos a considerar
como una realidad estable los rasgos, actitudes y aptitudes que tal vez el otro tardó décadas en desarrollar, voluntariamente o no.
Por eso es habitual que, aun sin quererlo, obstaculicemos cualquier cambio en nuestras relaciones más próximas: nuestra forma de verlas tiende a ser estática, cuando en realidad el cambio es la única constante.
Si logramos observar el estado actual de una persona o situación a la luz de su historia, sin eludir la evidencia de que el presente es producto de una actividad pasada, elegida o no, tal vez podamos entrar en una etapa de mayor tolerancia. Esa tolerancia, aparte de
proyectarse hacia el entorno, se vuelve hacia dentro, ya que cuando uno descubre que el otro se transformó a lo largo de su historia, empieza a sentir que es posible hacer un cambio interno.

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